COLLECTIF POUR L'AUTONOMIE DU PEUPLE MAPUCHE ( CAPMA ) * Le CAPMA est un collectif autonome qui s'oppose radicalement à l'impérialisme, au colonialisme, au capitalisme et condamne toute forme d'exploitation, de discrimination et de domination.
HECTOR LLAITUL, PRESO POLITICO MAPUCHE:
"EL GOBIERNO CHILENO SILENCIA EL USO DE LA TORTURA"
Alvaro Hilario (Temuco)
Héctor Llaitul, dirigente de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), fue encarcelado el 21 de febrero acusado de "incendio terrorista" con la única prueba en su contra de un testimonio arrancado mediante tortura. El 13 de abril inició una huelga de hambre con dos objetivos primordiales: denunciar el montaje judicial en su contra y ser trasladado a la prisión de Angol. El 23 y 24 de abril fue visitado por Diagonal en la enfermeria de la cárcel de Temuco donde se encuentraba recluido en régimen de aislamiento: a principios de mayo conseguido el traslado, abandonó la huelga de hambre.
Cuando acudí a la IX Dirección Regional de la Gendarmería chilena, Temuco, en busca de un permiso especial que me permitiera visitar a Héctor Llaitul, la funcionaria que me atendió justifico tanto celo en base a su condición de "preso especial". Al inquirir si tal status indicaba que era un preso político, tras significativo silencio contestó que ellos prefieren denominarles como "comuneros mapuche". De hecho, Llaitul es uno de los muchos dirigentes encarcelados de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM) -grupo que aglutina las Comunidades mapuche en conflicto- calificada por el estado y los medios de comunicación chilenos de "asociación ilícita terrorista" y como tal perseguida.
Héctor Llaitul fue detenido por la Policía de Investigaciones el 21 de febrero del presente en la ciudad de Concepción y encarcelado al día siguiente por ser considerado un "peligro para la sociedad".
"He sido muy buscado –cuenta Héctor- y por eso anduve escondido por los montes ya que las ciudades, llenas de carabineros y buchones (chivatos) no son seguras para nosotros. Sin embargo cometí el error de bajar a la ciudad". Sospechando que el número al que llamó para acordar una cita estaba intervenido, intentó cancelarla, pero se le hizo imposible. "Al pasar por la Plaza Acevedo, no ví nada extraordinario: un par de mujeres haciendo gimnasia, un hombre en una mountain bike; para cuando me dí cuenta estaba contra el suelo, encañonado y con todos ellos encima". Aunque encarcelado en Concepción, fue trasladado a Temuco a los pocos días, hecho que no duda en calificar de represalia: "en base a mi prontuario –relata, aludiendo a sus seis procesos anteriores- me consideran como muy peligroso; es por esto que me tienen aislado en la enfermería, que se supone es el sector destinado a la gente como yo. Una cárcel dentro de la cárcel". La conversación transcurrió en una pequeña celda de la misma, sin luz natural y con una pequeña mesa y la cama como todo mobiliario. "Ni siquiera se dignan a darme una silla. No tengo derecho a patio, ni a estudiar, ni a hacer gimnasia", dice sonriente. "Por otro lado es un castigo económico para mi familia; mi esposa tiene seis hora de viaje para poder visitarme. Esta es una de las razones de mi huelga de hambre: ser trasladado a Angol; allá, además, los compañeros presos tienen celdas individuales abiertas durante el día y la posibilidad de cocinar ellos mismos". Otra es denunciar el montaje judicial en su contra: acusado de incendiar maquinaria propiedad de la Forestal Mininco, en diciembre de 2006, el proceso se sustenta en un único testimonio arrancado bajo tortura, prueba suficiente para ser condenado a una pena de cárcel que va de los cinco a los once años. "El testigo, Roberto Painemil (actualmente encarcelado en Lautaro), fue detenido y torturado por un grupo de civiles; le golpearon la cabeza con una barra de hierro y le aplicaron la picana. No fue llevado al servicio médico legal y fue obligado a declarar ante un fiscal y no ante un juez, como corresponde en estos casos. También fue advertido de que en caso de denunciar estos hechos sería su familia la que sufriría las consecuencias. Nos gustaría que denunciara las torturas pero se encuentra solo y amedrentado". Vencer ese miedo, el cerco mediático impuesto por el gobierno y los medios de comunicación es condición indispensable para que esto suceda. "Tenemos confianza en los medios alternativos, en gente como ustedes para dar a conocer todos estos hechos. El gobierno socialista, que se declara democrático, silencia el uso de la tortura (común en la lucha contra la Nación Mapuche), dicen que es algo del pasado, de tiempos de la Dictadura". Como Héctor señala, el papel de los medios de comunicación chilenos es fundamental al respecto: "los medios de comunicación están en manos de la derecha y actúan en connivencia con el estado; éste y los propietarios de los medios tienen los mismos intereses económicos que las forestales, las fábricas de celulosa y las energéticas. No es sólo la tortura lo que silencian: callan la presencia de paramilitares y la utilización sistemática de los testigos sin rostro, que por dinero declaran lo que los carabineros les señalan". Otra tarea de los medios es criminalizar la lucha mapuche buscando su desprestigio y la pérdida de apoyo popular.
El tema de los abogados es otra faceta que juega en contra de los reos: "los abogados de derechos humanos son, hoy en día, inexistentes. El que se presta a ayudarnos es inmediatamente amenazado. Yo tengo un abogado de oficio asignado por el mismo estado que me persigue; no quiere saber nada de nada, ni siquiera denunciar el tema de las torturas. Es una mera formalidad". En diciembre tendrá la primera de media docena de audiencias.
Vuelve Héctor al enfrentamiento con las forestales por la recuperación de sus tierras: "La Forestal Minico (junto a la hidroeléctrica ENDESA, uno de nuestros principales adversarios) ha cambiado de política. Ya no es el mero uso de la violencia, de los paramilitares. Están diversificando la represión: estudian las zonas donde funcionan y disponen planes adaptados a cada zona (propaganda, cursos, etc.), muchas veces financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo con el fin de crear un círculo de seguridad en torno a sus fundos. Arman a los campesinos parceleros y a los clubs de caza y pesca para que formen comités de vigilancia (legales en el estado chileno) con los que defenderse de los "malos vecinos", de los "vecinos violentistas". Intentan aislar a los luchadores". La visita está por finalizar. Héctor Llaitul tiene tiempo de transmitir un mensaje optimista: "A pesar de todo hemos conseguido que las Comunidades sigan peleando y la CAM ha conseguido mantener su vínculo con ellas. Para nosotros la recuperación de las tierras es indispensable para, desde ellas, reconstruir la identidad de la Nación Mapuche. En eso estamos".