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Un líder del pueblo indígena Guaraní-Kaiowá fue acribillado a las puertas de su casa en el estado agrícola de Mato Grosso do Sul, donde ya han sido asesinados veinte líderes indígenas en lo que va de 2007 por pistoleros bajo ordenes de hacendados que intentan susrpar su territorio ancestral
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Fuente: EFE / El Mundo
RÍO DE JANEIRO.- Un indígena de la etnia Guaraní-Kaiowá fue acribillado a las puertas de su casa en el estado agrícola de Mato Grosso do Sul, donde ya han sido asesinados veinte líderes indígenas en lo que va de 2007, según ha denunciado la Iglesia católica.
El líder indígena Ortiz Lopes, de 46 años, fue acribillado en la puerta de su casa por un pistolero supuestamente por orden de hacendados que disputan la tierra a los Guaraní-Kaiowá, ha afirmado el Consejo Indígena Misionero (CIMI), una entidad vinculada a la Confederación Nacional de Obispos de Brasil (CNBB).
"Ortiz siempre estuvo al frente de las luchas por la recuperación de sus tierras, ya había sobrevivido a otro atentado y vivía bajo fuertes amenazas de muerte", ha denunciado el CIMI.
"Este es el vigésimo asesinato en Mato Grosso do Sul en 2007. El total de asesinatos ya se igualó al número registrado por el CIMI en todo 2006", según la información.
Ortiz Lopes había participado en enero junto con otros 300 indígenas en la ocupación del "territorio indígena Kurussu Ambá", como ellos denominan a la hacienda Madama, en el municipio de Coronel Sapucaia, en la frontera con Paraguay.
En esa ocasión los ocupantes fueron desalojados por policías militares y guardias de seguridad de la hacienda vecina a la reserva donde viven los guaraní-kaiowá.
La líder religiosa Xurete Lopes, de 70 años, fue asesinada en una choza en presencia de sus familiares y de otro indígena de 22 años que resultó herido en una pierna. Esa muerte quedó impune mientras cuatro líderes indígenas permanecen presos acusados de robo e invasión de tierras, según la denuncia.
Entre los encarcelados está el cacique Francisco Ernades, quien había sido sustituido en el liderazgo por Ortiz.
Los conflictos por la tierra en Mato Grosso do Sul se arrastran desde la conquista de este territorio vecino con Paraguay y Bolivia por parte del gobierno brasileño hace más de 100 años.
Tras ser expulsados de sus tierras, los indígenas fueron reubicados en áreas creadas por el antiguo servicio de Protección del Indio entre los años 20 y 30.
Amenazas constantes
En los últimos años la expansión de la soja, la ganadería y la caña de azúcar en Mato Grosso ha elevado el valor de la tierra y aumentado las presiones sobre las comunidades indígenas, según sus defensores.
Según religiosos, antropólogos, líderes indígenas y de los derechos civiles, los sucesivos gobiernos brasileños hasta ahora no han delimitado apropiadamente las reservas indígenas y hoy unas 40.000 personas viven en unas 50.000 hectáreas, un espacio insuficiente para cubrir las necesidades de su economía agrícola tradicional.
Los índices de pobreza, desnutrición, enfermedades infecciosas, suicidios y asesinatos entre las comunidades Guaraní-Kaiowá están entre las más altas de Brasil, según cifras oficiales del CIMI.
En mayo la CNBB denunció que el obispo Manuel Joao Francisco, de la ciudad de Chapecó, estado de Santa Catarina (sur), está bajo amenazas de muerte por defender a los pueblos Guaraní, Kaingang y Xokleng en su lucha "por la demarcación y garantía de posesión de sus tierras".